martes, 9 de febrero de 2016

I want to disappear

Era una mañana como otra cualquiera, un día como otro cualquiera, y un mes tan frío como cualquier otro febrero. También se volvía a sentir como antes. Tan triste, tan sola, tan vacía y a la vez tan llena de dolor...
No podía apenas escribir, ni hablar, ni articular movimiento alguno sin que su cuerpo se sintiese como si pesase lo mismo que una pila de ladrillos.
Sentía como si en ese día su existencia no fuese de verdad, como si fuese una simple y pequeña porción de espacio ocupada por un cuerpo muerto por dentro.
Sabía que su desaparición del mundo llenaría el suyo ya inexistente de lágrimas, pero solo por un tiempo; sería por siempre febrero, pero solo por un tiempo...
''Aunque desaparezcas no dejará de llover, ni de lucir el sol, ni la gente detendrá sus vidas, todo seguirá igual''. Lo sé... En ningún momento he llegado a pensar que ello equivaldría a un cambio en el mundo, Solo soy una pequeña e insignificante persona, una de tantas, que al fin y al cabo, como todos, desperecerá y se sumirá en tierra, en un lúgubre y frío ataúd, tan frío como la Muerte.

domingo, 7 de febrero de 2016

Ella, luz tan pura; yo, incandescente soledad

En ese momento se alzó el sol en la mañana y de forma poco inesperada, apareció mi pequeña antagonista: la soledad. Pero de pronto una luz blanca y pura apareció de la nada. Sí, eras tú.
Tan escurridiza, tan preciosa a la vez, tan rítmica, como un ángel con dotes de diosa. Me quedaba embobado con tus movimientos Yo te alzaba del suelo y dábamos vueltas. Nuestros corazones palpitaban cuando nos juntábamos, pero de pronto desaparecías, regresabas  volvías a aparecer de nuevo. Era un círculo sin fin en el que no sabía cuánto iba a durar aquel sueño hecho pesadilla en su misma materia.
Se hizo de noche, y de nuevo me encontraba con la dolorosa soledad, pero en el reflejo de la luna, de una sombra blanca apareció tu cuerpo con unas alas de ángel enormes y tan bonitas como ella. Cayó sobre mi silueta dejando tras de sí un manto de plumas blancas como la nieva y ligeras como el aire.
Volviste a aparecer y esta vez tu silueta era táctil, real. Esta vez te quedaste, esta vez ya no eras de nadie, sino de ti misma y de los dos. Pero yo debía irme a pesar de que hacías revivir a mi corazón de una forma casi inaudita.  Yo debía dejarte para siempre...

miércoles, 3 de febrero de 2016

La noche


Ansío tanto a la noche, poder tenerla por siempre, poder tocarla, palparla, sentirla en cualquier instante...
La oscura noche: ese manto negro estrellado en verano, neblinoso en invierno, nublado en otoño, despejado en primavera.
La leve brisa gélida te azota la piel con su leve tacto y ese toque misterioso.
Y la luna, oh la luna, esa gigante plateada que parece observarte desde tu ventana, esa redonda y pura bolita que sujeta el cielo y que parecen los ojos de otra persona mirando con la misma intensidad que tú al cielo desde miles de kilómetros, pero conectados de alguna forma por este bello satélite que ilumina a los nocturnos.
La luna se podría asemejar a las personas. oscura pero con mucha luz interior, y a pesar de que se hacen ver los defectos y melancolías(es decir esas manchas que la hacen tener forma a la luna), cuando esta se ilumina, es lo mejor que podría existir en algo tan oscuro.

domingo, 31 de enero de 2016

Sin título


Me encontraba en aquella enorme casa de fiesta ,en ese sábado por la noche a las dos de la mañana. Todo parecía perfecto, la música sonaba alta, bailábamos, reíamos... Pero de pronto apareciste entre la masa de gente y las luces azules. El son de la música dejaba bailar mis extremidades al son de la canción, y de pronto vi tu pelo rubio y suave. Casi podía notar su tacto en la distancia. Tus ojos azules predominaban entre todos los de aquella habitación, y las luces de discoteca les parecía verse aún más brillantes que de costumbre.  Solo quería escapar corriendo, pero a la vez quería quedarme y disfrutar por una vez. Giré la vista y vi una mesa de madera y unos sofás. Me acerqué sin saber muy bien por qué pero sí por qué motivo me acercaba. Un chico me ofreció una droga en forma de cápsula. Quería escapar de verte, quería escapar de mis pensamientos y quería probar nuevas experiencias.

A la media hora, pude notar poco a poco sus efectos. La música parecía fluir físicamente como un río, sus borbotones de agua musical parecían salpicarme de forma invisible, los besos con extraños parecían pinceles suaves bailando y pintando un bello cuadro dentro de mi boca. Todo parecía sencillamente perfecto, copas. drogas. música alta, euforia... Pero volví a verte de nuevo. Te observé como te lanzabas a otra chica que no era yo, la agarrabas de la cintura y la besabas. Corrí a esconderme a un baño y rompí a llorar. Aún no lo había superado, aún mi mente no se había dado cuenta de que nunca habrá un ''nosotros'' más allá de la amistad.
Salí a fumar un cigarro, la nicotina me hacía volar junto con los otros efectos de la droga que me dio el chico desconocido.
No entendía nada, me sentía muy confunda. Bebí lo que quedaba de mi vaso de un trago y fui adentro de nuevo. Era tarde, mucha gente se había ido, otros yacían dormidos en cualquier parte.
Yo hice lo mismo y para mi sorpresa, soñé contigo.


viernes, 29 de enero de 2016

Silvia y sus demonios

Todo empezaba a tornarse extraño de repente. Notaba el frio correr por mi piel, cómo se me erizaba el vello y los escalofríos dominar mi cuerpo. Fruncía el ceño, ya que empezaba a oírlas otra vez... Miraba a todas partes y a ninguna.

- Debes matarte - Dijeron entre susurros - No vales nada.
- No, no es cierto - contesté insegura.
- Das pena. Molestas a todos a los de tu alrededor.
Imagen de Psycho, schizophrenic, and american horror story- Ellos me quieren, y yo les quiero a ellos.
- Eso no es suficiente. No eres suficiente, no deberías ni existir.
Me tapé los oídos con las manos, me cogí del pelo fuertemente.
- Callad... Callad...
Pero los susurros seguían dentro de mi cabeza. Y de pronto, apareció él.
- Si estoy aquí será por alguna razón. – dije
- Has nacido para morir. Cobarde, egoísta. Ni siquiera eres capaz de acabar con tu propia vida por el bien de los demás.
- ¿Soy cobarde...?
- Claro que lo eres, gorda de mierda.
- ¿Debo hacerlo? ¿Debo hacerlo?
Rodeé con mis brazos las piernas, era una forma de sentirme más segura, y comencé a balancearme sobre mi misma en el suelo de mi habitación de puro nerviosismo.

- ¿Silvia?- Seguía ausente, mirando al vacío. -¿Silvia, sigues aquí? – Volvió a preguntar mi psiquiatra del hospital. Le respondí con la mirada. Al relatar el hecho me había ido por completo.
- Háblame de ese ser. Tus amigos lo llaman Boggart, ¿verdad?
- Sí. Como en la película de Harry Potter. Pensaron que era una buena forma de llamarle.
- ¿Por alguna razón en especial?
- Sí. Un Boggart es una especie de ser que adopta la forma que más te aterrorice a ti mismo en especial, pero si le hechizas con un conjuro le ridiculizas, adoptando este otro aspecto y así ya no te da  tanto miedo.
- Entiendo... - Anotó en el ordenador sonriendo. – Y dime... ¿Qué aspecto tiene?
Mi cara empezó a cambiar hasta tener un aspecto serio. Le recordé en mi mente, y a duras penas le describí.
- Es... Alto, y muy muy delgado. Se le marcan las costillas, los hombros y las rodillas. Tiene la piel amarillenta y rugosa.
-¿Tiene cara?
- Sí... – Dije con la voz temblorosa – Sus ojos son grandes y redondos. Su boca es enorme y me sonríe desde lejos con sus dientes afilados y puntiagudos.
El psiquiatra apuntaba todo con gran velocidad, y no paraba de prestar atención a mis palabras.
- ¿Hay alguna forma de que desaparezca? – Preguntó curioso el médico.
- Ridiculizándole suele dar resultado. – Contesté.
-Cuéntame cómo le ridiculizas.
- Le imagino con las uñas y los labios pintados de rosa. Ah sí, y con un gorro de Papá Noel rojo.
Los dos echamos a reír levemente.
Me miró fijamente  respondió esa pregunta que nadie en la vida me había dicho ni esperaba que me dijese nunca.
Imagen de girl interrupted, movie, and sad- ¿Me prometes que te mantendrás con vida después de salir de esta consulta? – Y me tendió la mano. La miré tentadoramente. Se me pasaron muchas cosas por la cabeza en ese momento. ¿Sería capaz de mantener mi palabra? Nunca pensé que algo tan sencillo de pronunciar sería tan complicado de realizar. Pero tras varios segundos, conseguí contestar.
- Lo prometo...- y tendí su mano a modo de promesa.
- Seguiremos trabajando el próximo día esto. Puedes volver a tu habitación. – Sonrió satisfecho.
Me levanté de la silla y salí de aquel cuarto acogedor. Siempre me encontraba liberada después de aquellas sesiones semanales. Pero no siempre era suficiente... Nunca es suficiente cuando tienes que convivir con alguien a quien odias a muerte dentro de ti mismo...

jueves, 28 de enero de 2016

La hoja que murió en el río Muerte

Yo era una simple hoja de árbol, con una vida breve, tan efímera como la de un suspiro. Breve por su corta duración de tiempo, pero a la vez larga, porque ese suspiro, esa hoja, ha ocupado un sitio en el aire, en el cielo...


Nací del más tierno árbol, con mi tallo verde, fuerte y joven. Fui creciendo y cada vez mi cuerpo se hacía más grande y hermoso, mis venitas por las que corría la sabia de mi madre me alimentaban, me daban vitalidad. Nacían flores rosadas y blancas a mi al rededor que me daban compañía en la primavera y en verano disfrutaba de los más puros y cálidos rayos de sol del atardecer de verano. Todo era perfecto.

Pero por desgracia empezó a hacer frío, y las lluvias y las tormentas llegaron. ¡Qué miedo tenía a aquellos vendavales de agua helada! 
¡Cuánto repugnaba aquellos vientos fuertes que de mi madre me querían arrancar!

Mi tallo se iba haciendo cada vez más débil, mi cuerpo se tornaba marrón y seco. En cualquier momento me iba a romper y nadie tendría compasión de no arrastrarme con los pies cuando al suelo me cayese. 

Las heladas comenzaron a acercarse a todos. muchos de mis hermanos cayeron, otros se mantenían sujetos a nuestra madre, pero yo no podía más. No tenía fuerzas. Y en una tarde neblinosa y fría de noviembre caí, caí suavemente y el viento me meció al son del tintineo de las pocas hojas que quedaban en el árbol. 
Pasaron varias semanas y yo ya estaba muy desmejorada, rota, fría, sola... 
Un día de diciembre el viento soplaba con mucha fuerza, tanto que helaba la piel de mi cuerpecito viejo y desgastado. Llegué al río y como si este acunase a un niño de tan solo unos meses, me meció y llevó consigo; frío pero seguro. Era tranquilizador como las rocas chocaban contra mí y el agua me acariciaba suavemente. No tardé mucho en sumirme en él. Una vez mis hermanos me dijeron que esto se parecía a la muerte de los humanos, frío, seguro, oscuro, tranquilizador, apacible...
Y así en esa noche de diciembre de luna llena me morí , me sumí en un sueño eterno en el que todo era paz.

miércoles, 27 de enero de 2016

Pon en mi pecho, niña, pon tu mano... (Heine)

Pon en mi pecho, niña, pon tu mano.
¿No sientes dentro lúgubre inquietud?
Es que en el alma llevo un artesano
que se pasa clavando mi ataúd.

Trabaja sin descanso todo el día;
y en la noche trabaja sin cesar;
que acabes pronto, maestro, mi alma ansía,
y me dejes en calma descansar.